LANDIA

 

Cero igual a cero

Igual a cero, igual a cero

Y de pronto:

Igual a uno

¿Por qué?

Nadie lo sabe

Nadie lo supo…

 

I

 

Al principio fue el principio. Y después: el final. Entretanto nació el sonido, como un eco imaginario; ¡y mató al silencio! Pero el silencio aprendió a resucitar.

De la pugna entre el sonido y el silencio surgió el compás; que se hizo eterno, que ganó mayúscula y fue renombrado: Compás.

El Compás vibró incansable, pálpito a pálpito. Desplegó la dirección de los tiempos, el pasado, el presente, el futuro. Fundó el ritmo y se disolvió hacia delante y hacia atrás. Fue entonces aquí su primer ejercicio vocal:

—¡Yo Soy El Verbo!

Cuatro palabras que además fraguaron su voz, su pronunciación; el parloteo de aquel corazón supremo, latido de la totalidad.

Luego:

El “Yo” necesitó rápidamente de un “Tú”.

El “Soy” deseó emanciparse.

“El” se acentuó aún más y adquirió la tilde “Él” que comunicó con “Ella”.

Y definitivamente el “Verbo” se reveló a favor y en contra de la verdad.

La mentira nunca fue enemiga. Simplemente pretendía nuevos horizontes. Y en una existencia en la que la verdad siempre era verdad las mentiras más hermosas, que aspiraban —quizás desde su nacimiento— a existir, algunas veces lo lograban y mutaban, como gusano a mariposa, de mentira a verdad.

Se dijeron tantas mentiras…

Pero hubo dos falacias en concreto que incluso en el momento de ser concebidas no llegaron a desentonar. De hecho, resonaban intensamente verdaderas, más aún que el conjunto de todas las verdades eternas. Como si siempre hubieran estado ahí, aún antes del principio y por tanto libres de final.  

La primera: Kron.

La segunda: Bela.

De Él se decía que sus ojos eran verdes y benévolos. Aunque a veces enrojecían…

De Ella se contaban sus talentos, de arriba abajo, de izquierda a derecha, como joyas imposibles, a cada cual más bella.

Kron se presumía viril.

Bela se sospechaba deslumbrante.

En Él se acogían la autoridad, el poder y la justicia.

Y de Bela se podía prever que ella y sólo ella, sería capaz de vencer en caso de guerra.

De la relación primigenia entre ambos nada se habló. Aunque sí surgió el rumor…

¡Cuánta razón tienen aquellos que dicen que los rumores no son ni verdad ni mentira! Porque sólo del rumor nacen las leyendas, que son y no son al mismo tiempo. Y únicamente en base a estas leyendas han de rememorarse los dioses. Deidades como aquellas dos; como Bela y Kron. Que en un extraño instante, de buenas a primeras, se hicieron realidad; se hicieron Existencia.

A lo que el Compás añadió:

—¡Ole, ole… y OLE!

Pero este último “ole”, esta última voz de jaleo tajante y tercera, quedó huérfana de motivo, relegada tal vez a nuevos frutos, como bendición al mañana.

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